Chino de mierda
Descubro, casi de casualidad y al cabo de meses que duraba la historia, que a un niño de 13 años le están acosando. Doy con los acosadores. Cuatro o cinco repetidores, espabilados, cargados de amonestaciones y alguna expulsión. Todos coinciden: era una broma, él mismo la aceptaba, es nuestro amigo.
Años y décadas de reformas educativas y temas transversales para llegar al mismo punto. El sistema escolar como réplica de la organización militar, de los cuarteles y ejércitos donde se impone la jerarquía del más fuerte, del más veterano, del más cruel.
Los cuatro o cinco angelitos le pedían día sí día también un euro para la merienda. Como no me lo des te vas a enterar. O le obligaron a entregar una consola que después el cabecilla revendió a mitad de precio. O le confiscaron uno o dos móviles. Y él calló durante meses, hasta que lo descubrimos por casualidad. Y entonces casi ni se atrevía a ratificar lo que ya sabíamos.
No había aclarado que es chino. Y que es tímido. Y que es buen alumno, todas las asignaturas con buenas notas. Chino de mierda le decían en broma.
Fui a la policía a presentar la denuncia, con nombres y apellidos. Escéptico, porque no existe una política judicial clara contra este tipo de abusos sin sangre.
Pero ya que la Administración educativa no hace absolutamente nada, al menos en la comisaría uno tiene la impresión de que le escuchan.
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