El cole analógico

Los coles calientan motores para arrancar el curso 2008-09, sin novedades tecnológicas respecto al anterior, y al anterior, y al anterior del anterior del anterior.
Y es que las editoriales también calientan motores para hacer caja, gracias a las agendas, libros de texto, cuadernos del profesor, libros de lectura, material de repaso, cuadernos de refuerzo, atlas, enciclopedias, diccionarios y toda la parafernalia académica que tendrán que cargar sobre sus espaldas los alumnos. El curso sin embargo presenta algunas novedades: la editorial X tiene nueva versión, la asignatura Y ha cambiado de editorial, el colegio Z ha sustituido… Todo en nombre de la necesaria renovación del mercado. Más escoliosis, más visitas al médico, más recetas: la cadena consumista de la salud y la educación contribuyendo al disparate. Como el año anterior, el anterior y el anterior.

El círculo vicioso (que genera de paso la cuesta de septiembre sin que las familias reaccionen ante el abuso) podría romperse con una simple actualización: miniportátiles en la escuela, uno para cada alumno, donde se centralizaría y actualizaría la información y los recursos didácticos.
La solución tecnológica existe. Muchas escuelas ya tienen Intranet y acceso a Internet. Y un miniportátil es hoy día más asequible para las familias (si es que la Administración no se decide a subvencionarlos, infringiendo las promesas electorales de los partidos) que el paquete completo de libros y demás material. En un curso se habría amortizado la inversión, que además tiene un ciclo de vida de varios años.
La actual polémica de la reutilización de los libros resulta falsa y anacrónica, porque su sustituto natural (ordenador conectado a Internet) es ajeno al desgaste del uso escolar. Otra forma de desviar la atención, otra cortina de humo que echar sobre el desfase de un sistema escolar caduco que se resiste a evolucionar.

¿Cuál es el problema?, ¿dónde se origina la demagogia?
Según mi punto de vista, en una suma de factores que se oponen a la evolución natural de una profesión encerrada sobre sí misma, con la bendición de unas familias demasiado ocupadas y de una Administración burocratizada y desorientada que se aferra a la supervivencia. El fracaso escolar es tan generalizado que prohíbe retos y ambiciones.

1. La inercia propia del sistema, que lleva a los profes a reproducir el esquema heredado. Enseñan como les enseñaron. Las aulas de Secundaria son casi las mismas de hace 20 o 70 años. Pizarra, pupitres y exámenes.
2. La resistencia de la Administración a una reforma en profundidad. A los gobernantes les asustan las posibles consecuencias: demasiados profesores, demasiado alto el riesgo de fuga de votos en las próximas elecciones.
3. La oposición de las editoriales, que tienen en el mercado escolar una gallina de huevos de oro. Aunque están preparadas (y concienciadas) para la migración digital, la retrasarán cuanto puedan, por una simple cuestión de inmediatismo. El negocio es demasiado grande y fácil como para modificarlo.
4. La incultura tecnológica de políticos y profesores. Para impulsar el cambio primero tendrían que estar convencidos, formados y rodados. Existe una brecha generacional y otra sociocultural que dificulta la reforma. Generacional, porque los profes actuales tienen una edad que los coloca en inferioridad de condiciones frente a sus alumnos infantiles o adolescentes. Sociocultural, porque los profes tienden a la cultura libresca, si es que no han interiorizado una clara prevención contra las nuevas tecnologías y recursos multimedia.
5. El sistema escolar, basado en el principio de autoridad, es jerárquico, vertical y centralizado. La cultura digital y sobre todo Internet es multilateral, horizontal, distribuida y dispersa. Demasiadas incompatibilidades.
6. El ensimismamiento del sistema escolar, que tiende a crearse una campana de cristal como estrategia de supervivencia, más fuerte si cabe hoy día frente a una horda de alumnos desmotivados y superprotegidos, por la Ley y unas familias sin tiempo para educarlos. La escuela no es productiva, su éxito o fracaso es ajeno a la medición económica, y por tanto puede vivir al margen de los controles de calidad de la sociedad capitalista dominante. El fracaso escolar ya es un índice estructural del Primer Mundo, y los profes comparten el síndrome del quemado, que los disminuye como sujetos activos en nuevos proyectos que exigen un plus de energía.

La solución, lejana y casi imposible pero simple.
Sólo se me ocurre una: Sustitución radical de la metolodogía en las escuelas de Magisterio y en las Facultades que formen a los futuros profesores de Secundaria. Si sólo puede liderar o manejar una determinada dinámica de grupo o técnica quien previamente la ha asimilado y practicado, el maestro o profesor que vaya a emplear ordenadores en vez de libros debe haber realizado toda su formación y entrenamiento en un entorno digital.
Pero, ¿quiénes están legitimados y capacitados para inaugurar la reconversión?: ¿quién le pone el cascabel al gato?

(Versión con pequeñas modificaciones del post que publiqué en despuesdegoogle)


¿Disfrutaste esta entrada? Por qué no dejas un comentario abajo y continúas la conversación, o te suscríbes a mi feed y obtienes los artículos como este enviados automáticamente cada día hacia tu lector de feeds.

No hay comentarios todavía.

Deja un comentario

Saltos de línea automáticos, la dirección de email nunca será publicada, HTML permitido: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>